Saga. Fantasía épica familiar y visceral

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Cuando un cómic se convierte en la revelación del año es casi imposible no darse cuenta si frecuentas el mundillo. Los premios que suele obtener, las buenas ventas si las hay y el inevitable boca a boca resuenan con fuerza en los foros y es de ahí donde los aficionados elegimos nuestra siguiente lectura. En el caso de Saga todo esto se cumplió salvo por una cosa, no tenía ni idea de su existencia hasta que mi novia me lo regaló. Meticulosa y sabedora de mi afición, decidió buscarse la vida en foros para dar con el cómic revelación de los últimos tiempos, una obra futurista más de fantasía que de ciencia ficción y con espíritu independiente.

Una vez leídos los dos primeros tomos es difícil decir nada malo de Saga. La historia comienza con un romance imposible entre Marko y Alana, una pareja de distinta especie. Marko es de Guirnalda, una luna que orbita el planeta Terrada de donde procede Alana y cuyos pueblos llevan en guerra desde siempre. En mitad de todo este conflicto nace la hija de ambos, una niña mestiza narradora de esta fábula y cuyo nacimiento marca el inicio de Saga. A partir de entonces Marko y Alana deberán emprender una huida a través de la galaxia para salvaguardar el futuro de su hija y su familia.

Si hay una palabra que ronda todas las buenas criticas que ha recibido Saga es “familia“. Un punto de partida tan sencillo como una pareja que protege a su hija se convierte en una experiencia fascinante, no por ese universo entre lo fantástico y lo tangible sino por la cercanía de sus sentimientos. Los personajes se mueven en un mundo que resulta caótico, crudo e imprevisible pero donde todos ansían buscar una paz hogareña, ese sentimiento de realización tan válido ahora como en el futuro distopico de Saga.

Distribuido como una lectura para adultos, el mundo de Saga es malsano y violento en muchas ocasiones pero no daña su identidad de fábula futurista guardando un equilibrio entre el optimismo y la decadente moral de una sociedad infame. Su guionista, Brian K. Vaughan, va hilando la historia de una forma magistral, alternando pasajes de espíritu aventurero con situaciones que van desde lo desagradable a lo heroico, cambiando de registro sin perder personalidad. Todo esto sería imposible sin contar con un artista de nivel y la dibujante Fiona Starples da la talla. Con un trazo firme y nítido, la acción resulta espectacular, los rasgos de los personajes son perfectos en las situaciones más dramáticas y el color resalta ese espíritu de fantasía tan atractivo como letal en sus momentos más intensos. Saga pretende ser transgresora pero de un modo racional, aunque no evita algunos tics de estas obras como el uso de palabrotas.

En resumen, Saga lo tiene todo: desde romance, magia, acción y todas esas cualidades del género fantástico más desenfadado hasta la violencia, el drama y la crudeza de un mundo implacable. Forma parte de esos tesoros que están narrados de una forma tan natural que no puedes creer que nadie lo haya hecho posible mucho antes. La única pega: que los autores se lo tomen con tanta calma.

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