Los videojuegos como arte interactivo

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La palabra “arte” está en los libros de texto, en boca de personas cultas y en quienes quieren ser como ellos, y dentro de estos últimos están los aficionados a los videojuegos. Lejos quedaron los tiempo en que los videojuegos eran para niños, de echo esos tiempos nunca existieron y tanto niños como adultos disfrutaron por igual con las aventuras de Pacman y los duelos de Pong. A medida que pasaron los años, los profesionales, críticos y expertos en el sector empezaron asomar la cabeza dando forma al negocio actual y al arte en ciernes. Así lo claman todos lo aficionados, que anhelan situar los videojuegos como un arte candidato y gozar del prestigio del cine y la literatura.

Es muy común encontrarse con la palabra “Arte” en foros de videojuegos manejada con mucho entusiasmo pero sin desvincularse de sus hermanos mayores (cine, literatura, pintura) donde la apreciación artística está ligada a un escena cinemática lograda (cine), un acabado estético trabajado (pintura) o a un diálogo ingenioso (literatura) sin que ninguna de sus cualidades sea exclusiva del nuevo arte interactivo. La jugabilidad puede ser buena, la diversión adictiva y su despliegue tecnológico apabullante, pero el jugador no lo califica de arte. Sin embargo un cell-shading que asemeja un óleo es calíficado de arte, un momento dramático también y un escenario enrevesado se lleva halagos artísticos, a pesar de que el cell-shading es más artificio que talento, de que la escena dramática está mal filmada o que un escenario es como un montón de piezas de Lego amontonadas.

Ico fue aclamado por los profesionales cuando se pusieron a los mandos de su consola, su (magistral) estética se dejó intuir en sus primeras fotos, pero no fué hasta ser jugado cuando deslumbró a todos. Sin embargo, calificar de “arte” a No More Heroes por que su acabado cell-shading similar a  un lienzo antiguo recuerda a clase de historia tiene poco que ver con las cualidades que ofrece el, ahora sí, arte interactivo. Si bien son muchos los artistas gráficos, músicos y escritores que participan en un videojuego, pocas veces su trabajo destaca como una creación única de propósito independiente entre el amasijo de referencias culturales que se amontonan en un videojuego. Puede que algo de Dalí se cuele en su diseño, o la pericia fílmica de Spielberg deslumbre fugazmente en un instante, pero todo eso sirve a un propósito central, la idea de acción y reacción forja del espíritu interactivo, anhelo y musa de creadores de videojuegos.

Kojima se inpira en el cine, Peter Molyneux en las reacciones sociales, Richard Garriot en el heroe, el bien y el mal  pero todos disfrutan con un mando en las manos. Acción y reacción. Como base una fusión de artes, pero como cima su espíritu jugable e interactivo.

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