Blog-relato: Algo que no veo (II)

algoquenoveoErnesto fué un repartidor que trabajaba en Oviedo (Asturias). Un día decidió escribir en un blog contando sus vivéncias y desventuras hasta su fatídico final. El blog fué cerrado, pero yo conservo su historia.

 

ALGO QUE NO VEO (II)

Primer paquete sorpresa
jueves, 5 de mayo de 2005

No es ni mucho menos la primera pero si la más reciente. Fue el viernes anterior por la tarde. Tenía curro hasta las 21:00 e iba ser un día largo, como lo son todas las vísperas de fines de semana y festivos. Lugar de recogida: El Hotel Reconquista. Destino: Monte Cerrao. No era la primera vez que recogía paquetes en un hotel. Muchos inquilinos olvidaban relojes, móviles, collares, etc. en sus habitaciones y el hotel (eso sí, de 5 estrellas) se hacía cargo de la pérdida y posterior envío. Pero este fue el primero cuyo origen y destino estaban en Oviedo. “Un trabajo de pijos” fue mi primer pensamiento. Los muy vagos no son capaces de acercarse al hotel para recoger su propia mierda. Al menos dejarán buena propina. Me gustaría más escupirles a la cara pero que se le va hacer. Un trabajo es un trabajo. Me puse en marcha y a la media hora llegué a mi destino. No era una casa como era de esperar sino un ático. Piqué al timbre y me recibió una mujer atractiva pero entrada en años. Solté mi cháchara de “nuevo paquete por favor me firma” pero ella me interrunpió.

—Necesito que me haga un favor. Debe usted abrirme el paquete. —dijo, son una sonrisa pícara y llena de satisfación.

En ese momento no tenía más interpretaciones a esa indirecta que la más obvia a tenor de mi situación. La señora no quería un paquete sino a quien venía con el. Estaba tan convencido que me puse rojo al instante. Menos mal que la señora estaba más cerca de una vieja verde que de un solterona caliente por lo que no me quedé alelao.

—Como quiera, pero tendrá que firmármelo usted.-dije con soltura, aunque mi gracia pareció pasar desapercibida. Me arrodillé para abrir el paquete.

—¡No, por favor! Pase dentro. —indicó, abriéndome del todo la puerta.

Pase con el paquete hasta una sala de estar. Ella cerró la puerta y me condujo por un pasillo. De reojo le pude echar un vistazo pero no había por donde agarrarla, quizas en sus buenos tiempos… pero ya estaba chocha. Le abriría el paquete(el que llevaba con las manos) pero se quedaría con las ganas. Me abrió una puerta que daba al salón y me invitó a entrar. “ojalá no cierre con llave” pensé, antes de dame cuenta donde estaba. Me quedé paralizado en el salón viendo que no era el único invitado. Un hombre que parecía tanto o más viejo que ella, me miraba con severidad desde el fondo del salón. Al verme dejo soltar un bufido y torció su rostro en una mueca de incomodidad.

—Voy a darte por el culo cabrón – soltó la señora justo detras mía. No pude evitar dar un salto y apartarme de su trayectoría ¡joder con la vieja verde!. Me veía violado por dos jubilados con una excesiva deshinivición sexual. Empezé a sudar y quise decir algo pero la señora enseguida reveló el por que de mi estáncia en ese lugar. No se había dirido a mi, sino a su marido.

—!No tienes nada¡ —protestó el— ¿Que vas a demostrar con eso?

—Que ha cometido infidelidad — Un hombre trajeado entró a escena con un montón de papeles bajo el brazo — y según este contrato matrimonial es motivo de separación con igualdad de bienes.-concluyó, haciendo esparabanes propios de un juicio.

—¡¡No teneis nada!!—insitió el marido—. ¡Ni tu, ni el maricón de tu abogado!.
Yo me aparté del centro del conflico para no resultar dañado, no fueran a volar platos entros los dos bandos. Nada de eso ocurrió, sin embargo, la señora me devolvío el protagonismo.

—Ábrelo corazón—dijo con un tono sarcástico y fingido con el objetivo de enfurecer aún más a su marido.

—Si —dije, preguntandome la importáncia de mi paquete en esa historia. Se había echo un siléncio tenso e incómodo. Debieron ser los nervios pero me parecieron transcurrir horas antes de abrir por completo el paquete. No llegué a ver el contenido en ese momento. Lo abrí y me alejé como si fueran a salir llamas, y en cierto modo, así fué.

—Tiene que mostrarnos el contenido joven.—dijo el abogado. —Necesitamos una mano inocente.

Miré al interior del paquete y ví un trapo negro. Lo alcé, incrédulo antes su origen y de lo que iba a revelar. Una vez fuera del paquete, el trapo se desdobló mostrándo la prueba irrefutable de la infidelidad y provocando nuevas maldiciones en el futuro ex-marido. Era un sujetador, un tanga y un ligero de encaje. Todo unido.
Siguieron maldiciones y amenazas. No obtuve más detalles del conflicto pero me quedé con lo básico para entender todo este batiburrillo.

El marido había engañado a su mujer en una habitación del Reconquista. Esta ya tenía sospechas y llamó al hotel para preguntar por su marido donde le informaron que había dejado parte de su lencería olvidada en la habitación y si deseba que el hotel le enviase sus prendas extraviadas.

Me llevó casi una hora salir de aquella algaravía no sin antes firmar una confesión de siléncio por lo ocurrido, por lo visto eran gente conocida y con una reputación que mantener. Firmé llevado por mis ganas de escapar y me gané una buena propina.

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