El Compromiso. Kirk Douglas y la locura del convencionalismo

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Eddie es un triunfador. Vive en una bonita casa, con una bella esposa que le ama y un trabajo gratificante lleno de éxitos. El sueño americano al que todos quieren llegar…y del que todos suelen caer, incluso un machote de barbilla caprichosa y frente noble como Kirk Douglas que en esta ocasión interpreta a Eddie, un triunfador a punto de caer en desgracia.

Su historia comenzará con un intento de suicidio, donde fuera de sí y vacío de estímulos se empotrará contra un camión en plena autopista. A partir de entonces dará inicio su particular odisea. Arropado por su incondicional esposa (Deborah Kerr) y parcialmente amnésico redescubrirá partes de su vida gracias al recuerdo de la fogosa y a la vez contenida Faye Dunnay, una amante cuya relación pasional desencadenará el devenir de acontecimientos. A partir de entonces irá despertando de su letargo idealizado, huyendo de una vida alienada, aunque plena, siempre ergida a partir del conformismo material.

Con esta premisa, Elia Kazan muestra el desgaste paulatino que ejerce el convencionalismo, principalmente retratado por Deborah Kerr, cuya fe ciega en la estabilidad matrimonial le lleva aceptar la amante de su marido como un mal necesario, y como choca contra la sexualidad de Faye Dunaway, el contrapunto extremo en la vida de Eddie. Con una realización dinámica, de recursos narrativos casi agresivos (harían las delicias de los directores videocliperos de hoy en día) la mano de Kazan siempre es firme, incluso los saltos deliberadamente incoxesos entre escenas se resuelven con envidiable solidez.

La sensación general, y sin apenas conocer la carrera de Elia Kazan, es de una película muy personal, a caballo entre el cine indipendiente y de estudio (es decir: caro) que por seguro los más clasicones (los típicos críticos rancios/amargados de hoy en día) habrían tachado de psicodélica

En resumen: Elia Kazan lo borda, y tanto Kirk Douglas como Faye Dunaway no se quedan atrás. Pero sobre todo merece una atención especial la interpretación de Deborah Kerr, magistral como la constante esposa de Eddie, cuya belleza nunca resulta atractiva a la cámara (siempre sale perdiendo con Faye) pero que se revela como el pilar básico del peso que el convencionalismo ejerce sobre Eddie (la imagen que acompaña a este artículo no puede ser más clara).

Mi segunda película de Kazan (la primera, como no, fué La ley del silencio) y según los críticos (viejunos y nóveles por igual) no es de las mejores, lo que dispara mis expectativas (aka Hype en tecnopagano) hasta límites estratosféricos. Próxima parada: Un tranvía llamado deseo.

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2 comentarios de “El Compromiso. Kirk Douglas y la locura del convencionalismo

  1. Me he fijado que en este sitio web casi siempre hay muchos comentarios de spam. No usan akismet o un plugin de esa clase?

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